jueves, 10 de marzo de 2016

Mi nuevo blog: EL CINE DE ATTICUS FINCH



Aparte de todo lo relacionado con el escribir sobre cine, otra parte importante de mi vida profesional y, por qué no, también personal la ha ocupado el Derecho. Soy licenciado por la Universidad de Barcelona (UB), y he ejercido como abogado durante más de una década. De la mezcla de esas dos inquietudes nace la idea de un blog, hecho con la única pretensión de comentar películas abordándolas exclusivamente desde el punto de vista de lo que a mí me sugieren en el terreno de lo jurídico (algo, por lo demás, nada original, pues me consta que hay otras páginas en la Internet que abordan la misma temática), pues para hacerlo desde perspectivas fílmicas ya existe El Cine según TFV (http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/) y lo que escribo para otros medios. Puede darse el caso de que comente films cinematográficamente malos, pero “jurídicamente” interesantes o al revés, pero en cualquier caso mi intención no es otra que separar ambas disciplinas y divertirme con ello, pues El Cine de Atticus Finch no es para mí nada más que un hobbie sin más pretensiones ni trascendencia. Ni que decir tiene, como sabrán de sobras quienes conozcan la para mí extraordinaria novela de Harper Lee Matar un ruiseñor la no menos espléndida adaptación cinematográfica homónima que realizó Robert Mulligan en 1962, que el personaje del abogado Atticus Finch, interpretado en esta última por Gregory Peck, es un icono de justicia, rectitud, honestidad y dignidad que representa por sí solo lo mejor de la, por lo general, popularmente denostada figura del “picapleitos”, y que me viene de perlas para simbolizar lo mejor de la unión entre cine y Derecho. Como parto de la convicción de que cualquier película tiene, en un momento dado, connotaciones jurídicas de diversa índole, estreno este nuevo blog con el comentario “jurídico” de un film sobre el que ya escribí en su momento y que, aunque no lo parezca a simple vista, no está exento de esas implicaciones cercanas al mundo del Derecho: Star Wars: El despertar de la Fuerza (Star Wars: The Force Awakens, 2015, J.J. Abrams). No descarto, por descontado, que mis elucubraciones al respecto puedan estar total y completamente equivocadas. Pero jamás he pretendido que nadie comulgue con piedras de molino. Leer o no leer lo que escribo es, asimismo, un ejercicio de libertad: un ejercicio de pleno derecho.

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